Por Walddy Lina Polanco
En pleno siglo XXI, resulta indignante observar cómo en disversos sectores de Santo Domingo Norte la vida cotidiana se convierte en una lucha diaria contra el abandono y la indiferencia institucional. Vecinos de múltiples comunidades han levantado la voz —con justa razón— para denunciar problemas que, lejos de ser aislados, se han convertido en una preocupante constante: la falta de recogida de basura y la ausencia de asfaltado en las calles principales y secundarias.
La basura acumulada ha dejado de ser un simple malestar estético para convertirse en un riesgo real para la salud pública. No es solo ver montones de desechos en las esquinas; es el olor que contamina el aire, es la proliferación de vectores como moscas y ratas, es la posible transmisión de enfermedades que afectan a nuestros niños, ancianos y a toda la comunidad. Un servicio básico como la recogida de residuos no puede estar sujeto a la improvisación o a la discrecionalidad de quienes administran los recursos municipales.
Pero si la acumulación de basura es un problema serio, las calles sin asfalto (vías sin revestimiento) constituyen una afrenta constante al derecho que tenemos todos los ciudadanos a una vida digna. Los caminos polvorientos en tiempos secos y llenos de lodo en épocas de lluvia no son solo una molestia: son obstáculos que dificultan el transporte, encarecen la movilidad, deterioran los vehículos y ponen en riesgo la seguridad de quienes transitan a pie o en moto.
No es menor el impacto ambiental y sanitario de estas condiciones: el polvo proveniente de calles sin pavimento afecta directamente la salud respiratoria de la población, especialmente de los más vulnerables. Niños con asma, adultos mayores con problemas pulmonares y ciudadanos en general sienten, día tras día, cómo el polvo se adhiere al aire que respiran. ¿Cuánto más tendremos que resistir esta injusticia?
Lo más preocupante es la percepción —cada vez más generalizada— de que la administración del ayuntamiento de Santo Domingo Norte ha sido incapaz de responder efectivamente a estas necesidades. La función pública no puede convertirse en sinónimo de lentitud, ineficiencia o excusas administrativas. Los recursos municipales, recaudados con el esfuerzo de todos, deben traducirse en servicios reales y tangibles para quienes pagan impuestos y merecen respeto.
Es momento de exigir transparencia, compromiso y acción inmediata. Las autoridades municipales tienen la obligación de garantizar un sistema eficiente de recogida de basura, un plan progresivo y urgente de asfaltado en zonas prioritarias, y una comunicación clara con los moradores afectados. No pedimos favores, solicitamos derechos.
La dignidad de nuestros barrios, el bienestar de nuestras familias y el futuro de nuestros niños están en juego. Que no quede en palabras bonitas o promesas vacías; requerimos hechos, soluciones visibles y transformations reales. Santo Domingo Norte merece más que discursos, merece resultados.
