Hablar del costo de un trabajador fallecido puede resultar incómodo. Una vida no tiene precio y ninguna indemnización, póliza o compensación puede devolver a una familia la persona que perdió. Sin embargo, existe una pregunta que pocas organizaciones se hacen antes de un accidente fatal: ¿hemos dimensionado realmente sus consecuencias?
El primer impacto siempre será humano. Detrás de cada trabajador existe una familia que espera que regrese a casa, compañeros que compartieron con él horas antes y una organización que, de repente, debe enfrentarse a una situación irreversible. A partir de ese momento comienzan también las investigaciones, entrevistas, revisión de procedimientos y la necesidad de responder preguntas difíciles sobre los controles existentes, la supervisión y las condiciones en las que se realizaba el trabajo.
También aparecen consecuencias económicas y operacionales que pocas veces se calculan anticipadamente. Detenciones de operaciones, pérdida de productividad, investigaciones, gastos legales, sustitución de personal, medidas correctivas y posibles afectaciones contractuales pueden convertir un accidente en una crisis empresarial. A esto se suma un costo todavía más difícil de recuperar: la confianza de los trabajadores, clientes y demás partes interesadas.
Lo preocupante es que muchas fatalidades no comienzan el día del accidente. Antes pudieron existir condiciones inseguras conocidas, mantenimientos postergados, procedimientos incumplidos, incidentes sin consecuencias o señales que terminaron normalizándose. El accidente fatal puede ser simplemente el último eslabón de una cadena de decisiones y omisiones.
Prevenir también cuesta. Capacitar, mantener equipos, corregir instalaciones, supervisar adecuadamente y detener una operación insegura requieren recursos. Sin embargo, la comparación correcta nunca debería ser entre gastar o no gastar en seguridad, sino entre invertir antes en controlar el riesgo o asumir después las consecuencias de haberlo permitido.
Por eso, preguntar “¿cuánto cuesta un trabajador muerto?” no busca ponerle precio a una vida. Busca recordar que, cuando una organización comienza a calcular ese costo, probablemente ya sea demasiado tarde. La verdadera inversión se decide antes del accidente, cuando todavía existe la oportunidad de prevenirlo.

